LA FEA ESCONDIDA
Breve reseña histórica de Ancha 21 [137]
Mark Thurner[1]
Resumen
La finca de Calle Ancha 21 es un microcosmos y testigo
de la historia moderna de Cádiz y, por lo tanto, merece la pena cuidarla. Su fachada neoclásica de fines del siglo
XVIII envuelve un pasado barroco que remite a la urbanización de la zona en la
primera mitad del siglo XVII. Desde el siglo XVII hasta el XIX, los señores de
la casa fueron cargadores a indias o militares nobles, primero genoveses y más
adelante navarros. Entre los propietarios y moradores han figurado el Conde
de Cumbre Hermosa, nombrado Gobernador Político y Militar y Corregidor de
Cádiz durante la guerra naval con Inglaterra (1795-1797), Francisco de Borja
Lizaur Balanzategui, Procurador del Consulado de Indias en 1797 y síndico
personero de la Junta de Cádiz en 1811 y Manuel Mateo Luján y Ruíz,
Diputado de Extremadura, Secretario de las Cortes de Cádiz y autor del Informe-proyecto
para la abolición de la Inquisición, que suponemos redactó al menos en
parte en Calle Ancha.
Génesis
La Calle Ancha de la Jara fue trazada en 1635 con el propósito de ordenar y urbanizar una zona campestre dotada con pozos de agua dulce en las afueras de la ciudad medieval, conocida como “Campo de la Jara”.[2] La nueva calle que va a desembocar en la Plaza Nueva de la Jara (San Antonio) tendrá dos manzanas o “islas”. El Padrón de Milicias de 1645 revela que a diez años de su trazada la calle Ancha de la Jara contaba ya con 43 casas[3] cuyos dueños y habitantes procedían de varios países o “naciones”, siendo más numerosos los de Génova y Portugal. Se registra la notable presencia de cargadores a indias, muchos de ellos “ausentes en indias” en el momento del empadronamiento. También hay regidores (entre ellos, Pedro Ximénez de Guzmán, Juez de Indias y Regidor Perpetuo de Cádiz, que mantiene al menos dos casas en la calle), alguaciles, alféreces, licenciados, clérigos, jueces y capitanes de la Armada y un muy notable número de viudas cuyos cónyuges habían fallecido en las flotas a Indias. Resulta difícil identificar con certeza la finca de Ancha 21 antes de la segunda mitad del siglo XVIII pues sólo entonces se comienza a numerar las casas.[4] Sin embargo, hemos podido identificar la casa original edificada en el siglo XVII, siempre trazando la línea de herencia de los sucesivos propietarios que dejaron testamentos en los archivos notariales.
La casa parece haber sido “labrada” o construida por Andrés Antonio natural de Génova y cargador a Indias, y su esposa, Doña Beatriz de Fuentes de la Villa de Conil. El testamento de la viuda Beatriz de Fuentes de 1664 explica que su primer marido Andrés Antonio
traxo la mitad de un
barco mastelero que después se perdió y durante dho matrimonio tomamos a
tributo el suelo de las casas de mi morada y labramos en él la accesoria que sale a la calle y
la sala y la alcoba que con ella linda con esta en el patio a mano derecha
donde yo vivo y después habiendo casado a Carlota Bernal nuestra hija con
Antonio de Cabrera labraron la sala con su alcoba que está frontero de la
calle. Son los demás del servicio de la
dha casa.[5]
Más adelante en el texto, Beatriz aclara que “la dicha
casa donde yo vivo y la casa accesoria” que da a la calle “están junto a las
primeras quatro esquinas de la calle Ancha de la Xara,” es decir, junto a lo
que hoy son las cuatro casas que forman la esquina de Ancha y Sagasta.
El Padrón de 1645 confirma el dato y los registra
tanto a Beatriz, su segundo marido Francisco Cazorla (Cazorle, “de la
misma nación”[6]
de su primer marido), “ausente en Yndias” como a Carlota Bernal[7] y Antonio de Cabrera
(también “ausente en Indias”) (Figuras 1 y 2) en la segunda casa de la segunda
“isla” de la Calle Ancha de la Xara, es decir en el lugar que ocupa Ancha 21
hoy. Datos fidedignos posteriores
confirman que se trata de la misma casa que, en la segunda mitad del siglo
XVIII, adquiere el número 137 y luego, en 1856, el número 21 que mantiene hasta
hoy.
Figura 1. AHMC P1645 f.197
Figura 2. AHPC CA 2349 f.212
No podemos saber a ciencia cierta si la casa estaba
terminada en 1645 pues Beatriz no da fechas precisas de la obra y la casa no
parece tener --aún en 1664-- la altura que alcanza en el siglo XVIII siempre
según los testamentos posteriores.
Empero, la ‘isla’ o ‘isleta’ (manzana) registrada en el Padrón de 1645 y
que incluía la finca y que desde entonces poco ha variado, se distingue
claramente en un lienzo o mapa pintado en 1647 y restaurado en 1802. Hoy se conserva en el Museo de las Cortes (véase
Figuras 3 y 4).[8] Conocido vulgarmente como ‘la Vista Aramburu’
este lienzo parece ser bastante fidedigno y será el primer registro visual de
la casa original en su nuevo conjunto urbano de la Calle Ancha de la Jara. Por lo tanto, podemos concluir con bastante
seguridad que la finca original fue labrada entre 1635 y 1647.
Figura 3. Vista de Aramburu, 1647. Museo de las
Cortes.
Figura 4. Detalle,
Vista de Aramburu.
Metamorfosis
Con el boom mercantil del siglo XVIII, impulsado por
el traslado de la Casa de Contratación (1717) y luego el Consulado de Indias,[9] la Calle Ancha de la Jara
se convierte en una de las principales vías de comercio, prensa y residencia
burguesa y militar, aunque no por eso deja de alojar a muchos inquilinos y
transeúntes de todas las clases sociales y de todas partes del mundo más el
contingente numeroso de sirvientes y esclavos, fácilmente la mayoría
demográfica del barrio.[10] Durante los siglos XVIII y XIX las fachadas
de las fincas de la calle Ancha sufrirán al menos dos olas de reformas
arquitectónicas, la primera neoclásica y la segunda isabelina o
historicista. Durante el curso del siglo
XX se producen intervenciones aún más brutales, llegando a derribar fincas
antiguas del siglo XVII para levantar en su lugar nuevos centros comerciales,
bancos y hasta torres de telecomunicaciones.
Con la peatonalización de la calle en 1973, producto de la gran expansión
comercial de la ciudad en extramuros (Puerta Tierra) y el subsiguiente traslado
de varias empresas importantes, Ancha comienza a recuperar su aliento histórico
como promanada neurálgica de estima citadina en donde es posible admirar las
fachadas y balcones que se han podido preservar o restaurar.
Propietarios y moradores
Los primeros propietarios y moradores registrados de nuestra finca parecen haber sido Andrés Antonio de Génova y Beatriz de Fuentes de la Villa de Conil. En su testamento de 1664, Beatriz de Fuentes nombra heredera a su nieta Catalina de Fuentes y Cabrera, hija de Carlota Bernal y Antonio Cabrera. Catalina se casará con el Alférez Juan de León. En su testamento, Catalina le deja la casa en herencia a su hija, Catalina León y Cabrera. Catalina León y Cabrera se casa con Luis Porro primero y luego con su hermano, Vicente Porro (1653-1703), ambos cargadores a Indias y nobles naturales del Marquesado de Finale Ligure (al suroeste de Génova). Décadas después, Catalina León y Cabrera otorga la casa a sus dos hijas mellizas con Vicente Porro, quedando con ella María Catalina Porro. En su testamento de 1763, María Catalina Porro, viuda del Capitán don Pedro Bermudo, otro cargador a Indias, describe la casa como sigue:
…declaro tengo por mis
bienes Una Cassa Alta y Vaja Con sus Miradores, que está en esta Ciudad, en la
Calle Ancha de la Jara, Con su Puerta al Norte, que por la parte de Levante
linda con la que en la esquina de la Calle Amargura posee la Cofradía del Santíssimo
Sacramento que fuero[ilegible] de la dicha Dona Catalina Eón[11] y Cabrera mi Madre…
(Figura 5).
Figura 5. AHPC CA4501, f.363
María relata que su cónyuge, el Capitán Bermudo,
falleció en 1748 “con haber dejado sucesión de nuestro matrimonio”. Al igual que Vicente Porro, Bermudo fue
cargador a Indias con la flota que iba destino a Vera Cruz, Nueva España. Sin embargo, entre sus bienes declarados no
figura la casa de Calle Ancha sino otra finca en la Alameda. De todos modos, el Capitán sólo deja joyas a
María, siendo ella su segunda mujer con la que no tuvo hijos. O sea, no cabe duda de que María hereda la
casa de su madre que a su vez heredó la casa de su madre, ambas viudas.
En su testamento de 1763 Dona María Catalina Porro otorga
su poder y todos sus bienes, entre ellos la finca de la Calle Ancha, en fideicomiso
a su sobrino, Lorenzo Ferrari Porro, quien se identifica como “Fray
Lorenzo de la Concepción Ferrari Porro del Real Convento de Santo Domingo del
Orden de Predicadores, situado en los extramuros de Córdova.” Antes de retirarse al Real Convento en
Córdova en 1742 a la edad de 33 años, Lorenzo Ferrari Porro había sido un hombre
rico. En 1737 Lorenzo fue galardonado con
los mercedes o títulos de Caballero del Orden de Santiago y Gentil Hombre de
la Cámara de su Majestad (Figura 6). Además de su trata lucrativo
con Indias, Lorenzo fue nombrado administrador y arrendador del estanco del
aguardiente de Castilla y León. Con su
caudal compra con la anuencia real el título nobiliario de Conde
de Cumbre Hermosa a Marciano José Fernández Pacheco, Marqués de Moya. Adquiere una bodega-palacio en el Puerto de
Santa María cerca del Castillo de San Marcos y frente al Rio Guadalete,
construido en 1696 por un cargador a indias flamenco, cuyas altas murallas
fueron derribadas hace poco (aunque una parte de ella queda integrada a las
Bodegas Gutiérrez-Colosía).
Fray Lorenzo había renunciado su título a favor de su
hermana María Estefanía (quien habrá sido II Conde o Condesa de Cumbre Hermosa) quien
al ingresar en un convento lo concede a su vez a su hermana María Antonia Ferrari Porro
(1711-1783), esta última nacida, al igual que su madre Feliciana Ferrari Porro,
hija del primer matrimonio con Vicente Porro, en Cádiz. A su vez, María Antonia se casará con el
Brigadier Luis Mayone y González (1717-1769), de una familia de origen
napolitano aunque nacido en Madrid. La finca
y el título de conde los hereda entonces su hijo Joaquín Mayone y Ferrari
(1738-1805) quien acredita su título de Conde de Cumbre Hermosa (IV) en
1783.[12]
Figura 6. Pruebas de Caballero, LFP 1738
Nacido en Madrid, el IV Conde de Cumbre Hermosa llega
a ser nombrado Gobernador Político y Militar y Corregidor de Cádiz
durante la guerra naval con Inglaterra (1795-1797) y el bloqueo marítimo
impuesto por Lord Nelson y que obligó a mucha gente a abandonar la ciudad.[13] No sabemos si el gobernador y corregidor residía
durante estos años en Ancha (no es impensable, siendo una ubicación de
prestigio ubicado cerca de los pabellones militares y con una torre mirador que
permitía vigilar todas las costas), en otra de sus varias fincas en el centro
histórico[14]
o bien en una casa reservada para el gobernador. Lo que sí sabemos es que pagaba impuestos
sobre ésta y las demás casas de su propiedad.
El Padrón de Contribuyentes de 1797-1799 lo confirma como contribuyente
de Ancha 137 (véase Figura 7). Empero
este padrón fiscal no incluye datos sobre quienes residían en la finca en esos
años. En 1799 Joaquín Mayone y Ferrari es llamado a la Corte en Madrid y luego enviado
al ejército de Valencia. Cae con honores
en el campo de batalla en Murcia en 1805.
El Padrón de Milicias de 1773 reporta que la finca de
Ancha 137 hospedaba numerosos inquilinos y sirvientes varones de varios países,
reflejando así la población masculina fluida y cosmopolita de la ciudad. Se infiere que el bajo o “casa accesoria” albergaba
una peluquería y barbería de perfil internacional. Entre los peluqueros y barberos hay cuatro
franceses, un italiano, un portugués, varios españoles procedentes de distintas
ciudades del reino. Hay además un señor
de Lima (Perú) y un “negro esclavo” de Curazao (Figura 8). Desde luego este padrón omite mujeres y niños
y tampoco incluye a los señores que podían haber estado residiendo,
permanentemente o por temporadas, en las plantas nobles (la primera y, sobre
todo, la segunda) de la finca.
Figura 7. AHMC PC1797-1799, Calle Ancha
A finales del siglo XVIII o principios del XIX
(¿1799?) varios documentos indican que la finca pasa a manos de un comerciante
navarro llamado Francisco de Borja Lizaur Balanzategui (1750-1813),
cargador a Indias y socio menor de la Empresa Vea Murguía-Lizaur,
formada en 1793. Borja Lizaur
llega a ser procurador del Consulado de Indias en 1797 y síndico personero de
la Junta Municipal en 1811. Cuando
frente al avance de las tropas napoleónicas las Cortes se refugian en Cádiz
(1810-1813), la casa de la familia Lizaur y Vea Murguía aloja a Manuel Mateo
Luján y Ruíz, diputado por Extremadura y secretario de la notable asamblea
que emitió la Constitución de 1812.[15]
En la sección “Lista general de los Señores
Comerciantes,” del Guía de Forasteros en Cádiz para
el año de 1803 añadida con la guía del comercio, c. Ancha 137
corresponde a Francisco de Borja Lizaur quien se casa en Cádiz en 1792 con María
Josefa de Vea Murguía. Borja Lizaur
se convierte entonces en yerno y socio de Juan Francisco Vea-Murguía Pérez
de Vea (1708-1797), de origen vasco, un notable financista de la Carrera de
Indias y Cónsul de Indias entre 1787-1789.[16] Se forma entonces la Empresa Vea Murguía y
Lizaur con sede en c. Ancha 9 [131].
Esa gran finca barroca con torre mirador había sido una obra pía. Juan Francisco Vea-Murguía la compra
en subasta de la iglesia matriz. La
Empresa era dueña también de la Fragata Esperanza. Entre otras cosas, Vea
Murguía y Lizaur trataba con Buenos Aires y Montevideo, sobre todo en el
comercio de pieles. Uno de los hermanos
Lizaur se queda a vivir en Buenos Aires, donde se casa con una dama argentina
de los Belgrano, una familia ilustre en la historia política argentina. La empresa mantiene relaciones comerciales y
financistas no sólo con el Rio de la Plata sino también con Nueva España
(México) y Londres, entre otros lugares.
Figura 8. AHMC PM 1773, Calle Ancha 137
Es de notar que ambas fincas de la empresa familiar
(Ancha 9 y 21, entonces 131 y 137) estaban y están rematadas hoy por torres
vigías de muy notable altura, pero absolutamente desconocidas en la literatura
sobre el tema y ausentes en la maqueta de 1777.
Ambas torres, invisibles desde la calle Ancha, pasan desapercibidas en la
lectura de referencia sobre la materia que, según su prólogo, “estudia…todos y
cada uno de los miradores que se conservan”.[17] La empresa familiar
disponía de dos casas más: la colindante con Ancha 21 en la esquina con Sagasta
(Sagasta 13, antiguamente Amargura 89), que antes fue de la Cofradía del
Santíssimo Sacramento, y la finca que colinda con la iglesia de La Conversión
de San Pablo en la antigua Calle de la Verónica (hoy José del Toro 2), así como
también otras más en las calles Torre y Plaza de Viudas, sin contar fincas y
tierras en Chiclana.
Figuras 9-10. AHMC P1812 Calle Ancha
Francisco de Borja Lizaur Balanzategui y María Josefa
de Vea Murguía tuvieron varios hijos que residían primero en Ancha 21 [137] y
luego en otras casas de la familia en Ancha y en las calles San Miguel y Torre:
Juan Francisco, Antonio, Ignacio, Domingo y Encarnación. En el Padrón de los “cabezas de familia” de
1812 aparecen los nombres de Francisco Borja Lizaur y su esposa Francisca Vea
Murguía (Figuras 9 y 10). Se menciona
también la presencia de una tienda de modas de una Señora Murga en el local de
la finca. En el Padrón General de 1813
ya no aparecen los nombres de los padres (ausentes en Granada) sino los de los
hijos Domingo, Ignacio y Encarnación Lizaur.
También aparece registrado Manuel Mateo Luján y Ruíz,
Diputado de Extremadura a las Cortes de Cádiz, secretario de dicha asamblea
durante varios meses (Figura 11) cuando mientras tanto redactó (suponemos en la
finca de Calle Ancha) un informe importante sobre la abolición de la
Inquisición. Lujan y Ruiz fallece en ese
mismo (también suponemos que en la casa de Calle Ancha). Un destino trágico parecido le toca al señor
de la casa, Francisco de Borja Lizaur, que huye de la plaga hacia la sierra con
su esposa pero muere en Granada en 1813, víctima de la fiebre amarilla.[18]
Figura 11. AHMC P1813 Calle Ancha 137
De la vida posterior de los Lizaur y Vea-Murguía
quedan algunas pistas que invitan a ser seguidas y profundizadas. En el Padrón
de los Vecinos de 1820, la finca de Ancha 137 aparece bajo el nombre de D.
José (Josef) María Vea Murguía, hermano de la viuda de Borja Lizaur y socio
de otra empresa familiar constituida por el padre en 1802 y que incluía a Josef
y Juan Bautista hijos y otro yerno, Pedro Antonio de Aguirre. O sea, la actividad empresarial
continúa. Hacia 1891 la generación
siguiente de los Vea Murguía (dueños de Ancha 131 y varias fincas más) forma
otra empresa familiar llamada Vea-Murguía Hermanos. Aquella empresa
funda el Astillero Vea Murguía, germen de Navantia. Algunos hijos Lizaur-Vea Murguía se
destacaban de otra manera. Por ejemplo,
gracias al inventario de su vasta biblioteca (títulos de Byron, Milton,
Cervantes, muchos libros de historia, etc.) adjunto a su testamento de 1857, se
aprecia que Domingo Lizaur Vea Murguía fue un hombre culto.
Desde los años isabelinos la Calle Ancha fue
rebautizada Duque de Tetuán. Eran ya
otros tiempos. En la sección llamada
“Indicador de Domicilios” de El Indispensable
Guía-Manual de Cádiz de 1877 el propietario de Duque de Tetuán
21 ya no es un Lizaur o Vea Murguía sino un tal José Manuel Hortal y Cerrero. Se menciona también la presencia de una
“platería” de un señor Ferrer que ocupaba los locales de Tetuán 21 y Sagasta
13, lo cual hace sospechar que los locales o “casas accesorias” de la planta
baja estaban comunicados (ambas fincas fueron adquiridas por los Vea Murguía y
Lizaur y es posible que hayan sido propiedad de Andrés Antonio y Beatriz de
Fuentes hacia 1660). Tendremos
oportunidad de volver nuestra mirada sobre Hortal y Cerrero y los subsiguientes
propietarios de Ancha 21 en un próximo escrito.
La Finca: “Cassa Alta y Baja con sus Miradores”
La finca de Calle Ancha 21 ha sufrido intervenciones
importantes desde su fundación en el siglo XVII. Es evidente que el patio central de la casa original
no contaba con pasillos ni galerías: estos elementos son añadidos en los siglos
XVIII y XIX. Los balcones son de la
reforma neoclásica de fines del XVIII (los originales, si es que alguna vez los
tuvo, han desaparecido). Luego se añaden
cierros de madera y cristal en los siglos XIX y XX. No hemos podido precisar la fecha de la
construcción de la torre, aunque no cabe duda de que ya existía antes de
1763. El hecho de que sus primeros
propietarios hayan sido cargadores a indias nos lleva a pensar que siempre la
tuvo.
La Fachada y los adornos
En cuanto a la fachada a la Calle Ancha, todos los
elementos claves nos llevan al neoclásico hispano-italiano del siglo XVIII (Figuras
12, 13 y 14). Así lo indican las pilastras adosadas de orden jónico que adornan
la parte superior de la fachada, los elementos de soporte y adorno de los
balcones, sobre todo el frontón curvo en la segunda planta (los cierres de
madera y cristal son añadidos) y los pináculos en la azotea. La fachada, cuyo
cuerpo inferior, labrado en piedra ostionera y hoy casi irreconocible por estar
recubierto, indica una construcción dieciochesca. Lo mismo el damero de mármol
de los suelos que llegan hasta la segunda planta, de probable origen genovés
(Carrara), cuya importación se prohibió en 1796.
Figura 12. Laurent, vista de la Calle Ancha, ca. 1879
Figura 13-14. Vistas de Calle Ancha 21, 2025
En la cuarta planta de la escalera del primer patio se
conservan algunos hidráulicos estrellados originales de un damero de color gris
que se reconocía entonces como estilo “Génova” (Figura 15). Finalmente, la pintura decorativa que cubre
el cielo del salón principal en la segunda planta (la más noble del conjunto)
representa el mito clásico de Selene [La Luna] y Endimión [El Pastor]). Los expertos en historia de arte que hemos podido
consultar no han podido fecharla con precisión pero opinan que debe haber sido
pintada en el siglo XIX (Figura 16). Se
desconoce la identidad del artista. El único
pintor de que tenemos constancia y que pudo haber visitado la finca de la Calle
Ancha entre 1763-1768 es Joseph Timón Ferrari, pariente del Conde de Cumbre
Hermosa.[19]
Figuras 15-16, Suelo ‘genovés’ y cielo pintado de la
segunda planta.
El plano de la reforma neoclásica de la fachada, si es
que alguna vez existió como tal sobre papel, no ha sido conservado en el
Archivo Histórico Municipal. Es posible
que se haya perdido, aunque también es posible que no haya existido jamás. Visto las repetidas quejas de los
funcionarios municipales de la época, parece haber sido común no presentar
planos antes de empezar a construir a fin de evitar los reglamentos
municipales, entre ellos uno muy odiado que limitaba la altura total incluyendo
las torres a las 17 varas. Este reglamento fue adoptado en un primer momento,
luego rechazado y finalmente readoptado hacia fines del siglo XVIII, creando
mucha confusión. Los planos conservados
en el AHMC nos conducen a pensar que la fachada podría haber sido realizada en
la última década del siglo XVIII o incluso antes. Entre los planos existentes hay dos, de 1793
y 1794 respectivamente, cuyos elementos se parecen bastante con la diferencia
de que las pilastras actuales son de orden jónico y la finca carece de un
portón triangular rebajado, muy favorecido por los arquitectos en ese
momento. Esos planos de aspectos
parecidos son los de c. Tinte 2 y de la plaza de San Juan de Dios nos. 7 y 12 (Figuras
17, 18 y 19). Las dos fachadas de San
Juan de Dios son de Benjumeda. La de
Tinte fue aprobado en 1793 por Benjumeda en su capacidad de arquitecto interino
de la ciudad. Felizmente, la fachada de
Tinte 2 persiste casi sin alteraciones en la actualidad (Figura 20). En el caso
de Ancha 21, la armonía neoclásica de la fachada ha sido desvirtuada por los cierres
añadidos en los balcones y las desafortunadas reformas del local.
Figuras 17-18, AHMC Fachadas 36.6 y 30.7, 1793-94.
Figura 19. AHMC
Fachadas 29.1, 1795.
Figura 20. Fachada de Tinte 2, 2025.
Elementos barrocos
Existen elementos interiores que confirman su origen
barroco. Por ejemplo, las gruesas
vigas-madres que sostienen el peso de la azotea y torre, visibles en la
escalera de la tercera planta y en la base de la torre en la cuarta planta, son
de maderas negras “de Indias,” es decir, de palos tropicales procedentes de
Asia o América, posiblemente rescatadas de las naves de la Carrera de Indias. Incluso nos preguntamos si las vigas fueron
recicladas de “la mitad del barco mastelero” de Andrés Antonio reportada por
Beatriz de Fuentes (Figuras 21, 22 y 23).
Figura 21.
Vigas madre, tercera planta escalera, 2025.
Figura 22. Viga
madre, Torre, 2025.
Figura 23. Maderas
rescatadas de barco naufrago, 2024.
Los zócalos exquisitos de azulejos florales en el
patio y la escalera hasta la segunda planta parecen ser barrocas, posiblemente
traídas de Valencia o Sicilia (Figuras 24 y 25). Los arcos de estilo barroco y los pilares de
mármol de orden dórico en la primera planta de la escalera forman un pórtico
tripartito de estilo que se asemeja a lo mudéjar y que contrasta notablemente
con la fachada neoclásica y el orden jónico.
Ese pórtico barroco fue hecho para ser visto desde el patio, al estilo
de un Riad marroquí. Hoy el pórtico derecho del juego tripartito original queda
desvirtuado por los pasillos, que no parecen ser originales (los forjados son distintos) sino añadidos en la reforma
neoclásica (Figuras 26 y 27). Luego, en
una reforma posterior del siglo XIX se añadieron las galerías de madera y
cristal.
Figura 24.
Azulejo de zócalo de escalera y patio.
Figura 25.
Azulejo valenciano, siglo XVII.
Figuras 26-27. Pórtico tripartito del patio. Figura
28. Foto retocada sin pasillo.
Torre
La torre-mirador en la trama posterior, invisible
desde la calle y hoy desprovista de adornos (nosotros la llamamos, con mucho
cariño, la fea escondida), es del “tipo” que se reconoce hoy con la
curiosa y anacrónica palabra de “sillón” (en la época barroca de su
construcción no se utilizaba jamás ese término), aunque ha sufrido varias
modificaciones. Es posible que haya sido
en un primer momento una torre del “tipo” de “terraza” o “simple” (tampoco se
utilizaba ese término en la época), luego de “sillón” y posteriormente, ya en
la segunda mitad del siglo XIX, lo que nosotros llamamos, respetando los
términos históricos de la época, “de caseta.”
Por su posición topográfica en la Calle Ancha, la torre-mirador de Ancha 137-21 es
una de las más altas de la ciudad, ofreciendo vistas panorámicas a todas las
aguas que rodean a Cádiz. Es un mirador
para ver el mar y ser vista desde el mar y desde otras torres, no una torre
para ser admirada desde la calle, como ocurría en otros casos. Es una especie de panóptico secreto, un lugar
desde observarlo todo sin ser visto desde la calle.
En la maravillosa y detallada maqueta de la Plaza Fuerte de Cádiz, mandada a hacer por Carlos III (1777-1779) y conservada en el Museo de las Cortes, la finca y toda la Calle Ancha es presentada sin ninguna torre (Figuras 28 y 29). Sin embargo, sabemos por la documentación notarial que sí existieron en esa época. ¿Qué ocurre? Los historiadores y arquitectos que saben del tema reconocen que la maqueta del museo no es del todo fiel a la realidad, en parte por las dificultades técnicas de observar y medir la ciudad en 1777 con una cámara oscura portátil; en parte por haber sufrido daños durante el transporte a Madrid y luego durante su resguardo, y en parte porque su propósito fue otro. Al ser devuelta a Cádiz, la maqueta sufrió un proceso de restauración y actualización artesanal, dando por resultado que su fecha de elaboración prolongada se extiende al siglo XIX, con sus consecuentes errores y carencias. En la maqueta, por ejemplo, no figura la llamada “Bella Escondida” de la Calle José del Toro 13 [entonces Verónica 155]. La maqueta ignora por completo todas las torres de la Calle Ancha, que nosotros estimamos de entre seis y ocho en el momento de la elaboración de la maqueta. Dicho sea de paso, el presupuesto común de toda la literatura sobre las torres gaditanas, basado siempre en la maqueta de 1777, de que hubo en Cádiz un máximo de 160 torres-miradores, debe ser descartado.
Figura 28. Maqueta de la Plaza Fuerte de Cádiz,
1777-79. Museo de las Cortes.
Figura 29.
Detalle de Maqueta con Calle Ancha, Plaza San Antonio y Plaza Mina.
Nuestra torre-mirador rematada con una ‘caseta’ de
madera y cristal quedó documentada en varias tomas hechas por los fotógrafos de
Laurent & Co. tomadas desde la Torre Tavira y de la Plaza San Antonio hacia
1879 (Figura 30). La torre con su
mirador de madera y cristal aparece de nuevo en otras fotos conservadas en el
AHMC hacia 1930 (Figura 31).
Es probable que la superestructura de madera y cristal,
bastante común hasta mediados del siglo XX y aun presente hoy en el skyscape
gaditano, sea un añadido de la segunda mitad del siglo XIX.[20] Una fotografía de ca. 1840 registra una torre
cercana y parecida a la nuestra, sin una superestructura de madera y cristal
(Figura 31A). Otra vez, encontramos con
el limitante de que no existe un plano de la reforma de la torre de Ancha 21 en
el AHMC. Sin embargo, hay uno de 1852 y
otro de 1858 que se aproximan a la nuestra, ubicadas en las calles cercanas de la
Torre y de San José (Figuras 31B y 31C).
Figura 30.
Laurent, Vista desde la Torre Tavira, ca. 1879.
Figura 31.
AHMC, Fototeca, Colección Jiménez, img215, ca. 1930.
Figura 31A. Cádiz
ca. 1840. Daguerreotipo, atribuido a Theophile
Gautier y Eugene Piot, Getty Museum.
Figura 31B.
AHMC Fachadas 43.12
Figura 31C.
AHMC Fachadas 42.96
En una fotografía aérea tomada justo antes de la
última reforma ca. 2005, la torre aparece ‘degollada,’ sin su caseta de madera
y cristal. La reforma añadió una escalera externa de hierro (antes la subida
fue por una escalera vertical interior de madera) y no restauró la caseta y por
tanto hoy queda abierta al cielo, ofreciendo magníficas vistas de toda la
ciudad y sus mares (Figuras 32 y 33).
Figura 32. Vista
de La Fea Escondida degollada (Ancha 21) con
Torre Tavira al fondo. 2023.
Figura 33. Vista panorámica hacia el Atlántico desde La
Fea Escondida, 2021.
FIN PARTE PRIMERA
[2] María Pilar Ruiz Nieto-Guerrero y
Juan José Jiménez Mata, Historia urbana de Cádiz: Genesis y formación de una
ciudad moderna (Cádiz: Ricardo Sánchez Lampreave, 2016).
[3] Hoy en día hay 35 casas numeradas en
la Calle Ancha aunque este número no sea del todo comparable visto que en el
siglo XVII se contaban las esquineras.
[4] Desde el Padrón de Milicias de
1773 hasta 1856 la casa nuestra lleva el número 137. En 1856 se la cambia al número actual de 21
aunque de pronto la calle sufre un cambio de nombre: Duque de Tetuán.
[5] AHPC, Protocolos notariales, CA
2349, Testamento de Beatriz de Fuentes, 1664.
[6] Al parecer los Cazorla o Cazorle
es una familia noble de origen hispano-siciliana.
[7] El nombre y apellido de la hija
son los mismos de su abuela y la misma tradición de nombrar a las hijas por las
abuelas explica el nombre y apellido de Beatriz.
[8] Sobre el lienzo véase RAMÍREZ
DELGADO, Juan Ramón, “Los enigmas de la Vista Arámburu. Un óleo sobre el
desconocido Cádiz del siglo XVII”, en Andalucía en la Historia, 39,
2013, pp. 40-43.
[9] Manuel Bustos Rodríguez, El
consulado de cargadores a Indias en el siglo XVIII: 1700-1830 (Cádiz:
Editorial UCA, 2017).
[10]
La numeración antigua de las calles de Cádiz seguía en el siglo XVIII un patrón
de conteo continuo y circular por isletas y parroquias (incluso las placas
fueron emitidas por y varían de diseño según la parroquia), algo muy distinto
del sistema lineal actual municipal por pares e impares sin importar los
limites parroquiales que atraviesan, una reforma cívica instituida entre 1855 y
1856. A través de los siglos ha variado
el nombre de la calle pasando por “Jara,” “Bomba,” “Duque de Tetuán” y otros de
menos duración hasta quedar, a mediados del siglo XX, en “Ancha”. En resumen, antes de 1856 Ancha 21 o Duque de
Tetuán 21 es Ancha 137 y antes de 1773 las casas de la Calle Ancha de la Jara
no llevaban numeración alguna.
[11] “Eon” y “Leon” eran dos variantes
del mismo apellido según el escribano.
[12] AHN, CONSEJOS,11763, A.17. Sobre las
estirpes nobiliarias de los Porro y Ferrari, véase Fernando Toscano Puelles,
“Estirpes del Condado de Cumbre Hermosa,” Revista Hidalguía: La Revista de
Genealogía, Nobleza y Armas, 126, 6 marzo-abril 2009.
[14] En el Padrón de Contribuyentes de
1797-99 aparece el Conde de Cumbre Hermosa como “contribuyente” de dos fincas
en Descalzas 54 y 55 (hoy calle Montañés 2 y 4, ambas integradas al Asilo Dulce
Nombre de María de la Plaza Candelaria) y otra en Don Carlos 69, hoy Sacramento
3, formando por medio de un patio trasero con las dos de Descalzas un gran
conjunto; y otra en la Calle Pelota 295, que no hemos podido identificar con
una finca actual por el hecho de que el siempre valioso croquis de la
numeración antigua de calles elaborado por el arquitecto Carlos Solís Llorente
no siempre concuerda con los padrones de la época.
[15] Sobre Manuel Luján y Ruíz, véase
https://historia-hispanica.rah.es/biografias/27591-manuel-mateo-lujan-y-ruiz
[16]
Véase GARMENDIA ARRUEBARRENA, José. «Cádiz, los vascos y la carrera de Indias».
Vasconia: Cuadernos de historia, 13 (1989), p. 197.
[17] Véase Juan Alonso de la Sierra Fernández, Las torres-miradores de Cádiz (Cádiz: Caja de Ahorros de la Ciudad, 1986). La famosa “Bella Escondida” que sirve de atractiva portada a la versión publicada de la tesina esconde el hecho de que la torre está equivocadamente ubicada en la calle Valverde no. 13 cuando en realidad queda (y así consta en el texto de la misma obra) en José del Toro 13 (antiguamente, Calle de la Verónica 155). El error tipográfico, que parecece ser del editorial, no quita del valor sumamente positivo de las apreciaciones artísticas pioneras del autor sobre esta y muchas otras torres gaditanas.
[18] Sobre Manuel Lujan y Ruiz, véase https://dbe.rah.es/biografias/15989/manuel-mateo-lujan-y-ruiz.
[19] Toscano Puelles, “Estirpes del
Condado de Cumbre Hermosa,” p. 809.
[20] Sobre las torres del siglo XIX,
véase Juan Ramon Cirici Narváez, “Epilogo: Las Torres-Miradores gaditanas
durante el siglo XIX” Laboratorio de Arte 22 (2010), 317-338.
No hay comentarios:
Publicar un comentario